Mi desplante tiene que ver con la condición básica de la conveniencia. La revolución permanente está en nuestra esencia aún cuando los ordenadores mentales nos orienten hacia un estado de confort patético. Cuando miles de valiosas monedas estén cayendo desde el cielo, yo intentaré buscar un refugio donde resguardarme del maldito diluvio. Ahí podré buscar de donde es que viene la luz brillante.
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